Home > Vol 9, No 17 (2020): 327-333 > Zaidan
14_-_RESE_A_2

RESEÑA REVIEW

Arruzza, Cinzia, Bhattacharya, Tithi y Fraser, Nancy (2019). Feminismo para el 99%. Un Manifiesto. Ciudad de Buenos Aires, Argentina: Rara Avis. 125 páginas.

Los filósofos no han hecho más que interpretar

de diversos modos el mundo,

pero de lo que se trata es de transformarlo.

—Karl Marx, Tesis sobre Feuerbach. Tesis XI

Publicada mundialmente el 8 de marzo de 2019, la obra que aquí nos convoca pretende configurarse como una apuesta político-discursiva capaz de trascender, tanto en su aspecto literario como en su contenido político, fronteras y territorios. Nuestra versión en castellano, traducida del inglés original por Renata Prati, convive con cerca de veinte ediciones, localizadas en distintos países, distribuidas en distintas lenguas, y que reúnen a tres mujeres con trayectorias signadas tanto por la producción académica como por el activismo político. Entre la multiplicidad de preguntas que aparecen a lo largo de las páginas, una parece destacarse: cuál es el sentido o, incluso, cuál es el deber ser de un feminismo cuyo horizonte coincide con la emancipación.

Son las discusiones en el marco del Paro Internacional de Mujeres de Estados Unidos del año 2017, del cual son organizadoras o partidarias, las que conducen a las autoras a escribir el presente volumen. Especialistas en las relaciones (y tensiones) entre feminismo y socialismo, reproducción social y lucha de clases, y el capitalismo y sus crisis, Cinzia Arruzza, Tithi Bhattacharya y Nancy Fraser respectivamente vuelcan sus discusiones e investigaciones de los últimos años con un tono ágil y urgente en las páginas que nos ocupan. Su lugar de enunciación lleva implícita una marca: ellas asumen la representación de un conjunto de ideas y postulados que las trascienden necesariamente, aludiendo a construcciones y sentidos colectivos y con aspiraciones mayoritarias.

A setenta y un años de la primer publicación del Manifiesto Comunista, texto que las teóricas mencionan como un antecedente, el registro en el que se mueve este manifiesto oscila entre la simpleza, de quien tiene que interpelar de manera acuciante, y la reflexión teórica, de quien quiere hacerlo pero no de cualquier modo. Es que este género discursivo encuentra su razón de ser en la intervención política, con una necesidad convocante, y su campo de injerencia es el espacio público. Tres partes son las que componen al presente libro: una introducción que lleva el título de encrucijada, una serie de tesis (ni más ni menos que once) que conforman el manifiesto, y un postfacio.

Feminismo para el 99%, una consigna acuñada por la propia Fraser, se construye en oposición a un feminismo denominado por las autoras como liberal y corporativo, que simplemente busca una “igualdad de oportunidades en la dominación” (Arruzza, Bhattacharya y Fraser, 2019, p. 13). Lo que se presenta son dos caminos antagónicos, dos alternativas irreconciliables: o bien el feminismo es conducido por las huelguistas que en todo el mundo abandonan sus puestos de trabajo para volcarse a las calles, o bien será el rehén de una reducida élite político-empresarial que lo utiliza como una herramienta para legitimar su dominación. Y esta dominación, significante que sobrevuela toda la obra, no hace solo alusión a la cultura patriarcal o al principio de competencia neoliberal; lo que este texto vuelve a colocar en el centro de la escena, quizás después de mucho tiempo, es la crítica al modo de producción capitalista.

Descreyendo de las corrientes posmarxistas más antiesencialistas y de las propuestas pluralistas-liberales tan en boga en las últimas décadas, este manifiesto se atreve a afirmar que el mundo es hoy testigo de una gran crisis que, lejos de ser accidental, corresponde a las formas periódicas en las que estallan las contradicciones del capitalismo. Sin embargo, esta vez se trata de algo más: no se reduce a los elementos económicos —o estructurales— del sistema capitalista, sino que se manifiesta en el conjunto de las prácticas, relaciones e instituciones que lo sostienen, haciendo de esta una crisis de la sociedad en su conjunto, una crisis orgánica, de hegemonía (Gramsci, 1978). Esta coyuntura turbulenta, en la que lo viejo no termina de morir y lo nuevo no termina de nacer, funciona como caldo de cultivo de múltiples movimientos sociales que, en sus diferencias, coexisten públicamente en una cruzada anticapitalista evidenciada para las autoras en un método particular: la huelga.

Deudora de una historia de movilizaciones de principios del siglo xx lideradas por mujeres inmigrantes, trabajadoras, judías, negras, la huelga es la fuente de inspiración que guía la construcción de un feminismo para el 99%. No solo por ser la vía en la que puede consolidarse un feminismo con conciencia de clase y un ethos transformador y radical, sino también porque, al diagnosticar el fin del apogeo del feminismo liberal, tiñe tanto de inevitabilidad como de premura la tarea por venir. Una huelga que, además, está siendo reinventada al abarcar la paralización de las tareas domésticas y de cuidado, así como la suspensión de las relaciones sexuales e incluso de las sonrisas, evidenciando así el (no) valor que se le otorga y la necesariedad que tiene el trabajo no remunerado a la hora de garantizar las condiciones de posibilidad del trabajo asalariado. Esta reconfiguración de la huelga como modus operandi da cuenta del carácter feminizado de buena parte de las tareas y prácticas que hacen a la producción de personas, es decir a la reproducción social.

Marx (1975) ha explicado que para reproducir la fuerza de trabajo es necesario satisfacer las necesidades biológicas de los trabajadores, pero también las históricas o histórico-culturales. La necesidad “histórica” de que cada trabajador tenga una esposa y que sea ella la que quede confinada en el seno del hogar a las tareas reproductivas en lugar de los hombres sólo se entiende a la luz de una historia de dominación patriarcal que precede al capitalismo, pero que éste hereda y reconfigura para su sostenimiento (Rubin, 1996). Sin embargo, la división estrictamente sexuada entre la “reproducción de ganancias” dependiente de los varones y la “reproducción social” a cargo de las mujeres se ha ido modificando en el transcurso del pasaje del modelo de Estado benefactor hacia la forma capitalista neoliberal. Como ya había señalado Nancy Fraser (2013), la flexibilización del mercado de trabajo ha llevado a las mujeres a convertirse —si no lo eran ya— en asalariadas, aunque lamentablemente la mayoría de las veces en posiciones precarizadas y con bajos salarios, especialmente en las áreas de manufacturas y servicios. Las tareas de reproducción y cuidado se encuentran constituidas por un carácter interseccional: descansan en el género, pero también están atravesadas por cuestiones de raza, clase, sexualidad y nacionalidad.

Lo anterior permite a las autoras proponer una noción de clase social ampliada. Rechazando tanto una categoría apriorística referida a trabajadores fabriles varones y blancos, como las visiones que proponen descartar el concepto de clase social por considerarlo vetusto, afirman que la clase trabajadora está compuesta por una multiplicidad de identidades: por personas que trabajan en el campo y en los hogares; en el área de servicios; en hospitales, escuelas y guarderías; en el sector público y la sociedad civil; por personas que no reciben ningún salario por su trabajo. Y, a la vez, se trata de varones, pero también mujeres —cis y trans—, migrantes, personas racializadas y personas con discapacidad. Esta nueva concepción permite echar por tierra la supuesta oposición entre políticas de identidad y de clase, habilitando así no solo nuevos modos de leer a los sujetos, sino, y fundamentalmente, más amplios marcos y espacios para la lucha política.

Consecuentemente, una nueva noción de clase social permite extender el concepto de lucha de clases a otras esferas. Ya no se encuentra reducida a la producción de ganancias y conducida sólo por organizaciones sindicales, sino que se expresa en distintas esferas de la sociedad, abarcando todas las luchas de la reproducción social; luchas que además deben relacionarse —incluso tensamente— con las batallas contra la violencia de género.

Fiel a los postulados que atraviesan este libro, como también a las líneas teórico-analíticas en las que inscriben sus trabajos, las autoras interpretan la violencia de género como una parte intrínseca de las estructuras de la sociedad capitalista. La lucha por erradicarla, entonces, trae indefectiblemente aparejada la pelea en contra de todas las formas de violencia, y por eso del sistema que las posibilita. Identifican luego las dos opciones que, desde el feminismo, se han posicionado históricamente como respuesta a la violencia: la punitivista o el “feminismo carcelario” que —velando la clase y la raza— se sostiene en el sistema penal-penitenciario y en la policía; o bien aquella propia de las “femócratas, neoliberales progresistas” que desde el hemisferio norte otorgan micropréstamos a sus congéneres del sur, atándolas a los prestamistas (Arruzza, Bhattacharya y Fraser, 2019, p. 50). Ambas perspectivas resultan ciegas para las autoras al carácter estructural de las violencias, en tanto introducen un feminismo separatista que eclipsa otros sistemas de opresión como el racismo y, claro, el capitalismo.

No menos importante es la breve genealogía que realizan en torno a los significantes sobre la sexualidad, cuyo fin es indagar en los discursos de la reacción y de la liberación sexual. Esto las lleva a desmentir la consolidada asociación entre el conservadurismo sexual y un lejano tiempo arcaico. Los modos de regulación de la sexualidad por parte del capitalismo están lejos de haber desaparecido, sino que han cambiado, se han ido actualizando. La sexualidad hoy es amenazada no solo por facciones conservadoras y reaccionarias que buscan subsumirla a la religión o mandatos patriarcales, sino también por sectores que se esconden bajo consignas progresistas que, sin embargo, desarrollan alternativas al servicio del capital. Es imperioso entonces liberar la sexualidad de las variaciones del estatalismo y del consumismo que invisibilizan muchas veces las restricciones de género, clase y raza, y no solo de las formas más tradicionales de control de la procreación y el modelo de la familia nuclear.

Las autoras reivindican a la raza como una categoría fundamental para pensar las opresiones. Más aún si hoy todavía presenciamos asesinatos a personas racializadas y gobiernos explícita, casi obscenamente, racistas. Es el sujeto universal de las feministas radicales y liberales tan falso como racista, al velar las condiciones de opresión de las poblaciones racializadas. El feminismo al que apuestan las autoras es incompleto e incomprensible sin las luchas antirracistas y antiimperialistas. A su vez, señalan el modo en que opera el capitalismo creando clases racializadas y jerarquizándolas. Todos estos sistemas de dominación operan en conjunto y se articulan de manera compleja, a tal punto que las desigualdades sociales son ininteligibles si comprendemos al género, la clase y la raza de manera disociada. Este feminismo se construye en contra también de los discursos homogeneizantes que olvidan todo lo anterior.

Estos rodeos permiten a las escritoras completar su planteo del capitalismo como un sistema de dominación complejo, en el que las contradicciones económicas están acompañadas de otras diferentes, pero que se han convertido en igual de relevantes, abandonando un modelo marxista más clásico. Existe una contradicción ecológica, a partir de la cual la naturaleza y sus recursos son dilapidados para producir mercancías al corto plazo mientras comunidades enteras son devastadas. También una contradicción política, en la que las instituciones estatales —al mismo tiempo que garantizan estructuralmente el modo de producción capitalista— son desplazadas de toma de decisiones trascendentales que pertenecen hoy a la órbita de los mercados, mientras los gobiernos se encuentran endeudados, subordinados a los organismos financieros internacionales. Finalmente, una contradicción social-reproductiva, desde la cual el capital se apropia, tanto como le es posible, de trabajo reproductivo no remunerado. Es con la agudización de todo este gran sistema de contradicciones que estamos hoy, sostiene el presente manifiesto, presenciando una crisis de las características relatadas anteriormente.

Si hemos triunfado en poner sobre la mesa el diagnóstico, ¿cuál es concretamente la propuesta? Con la convicción de que los límites de los Estados-nación no deben ni pueden contener las luchas de las huelguistas, la apuesta es por una nueva internacional, por un internacionalismo feminista capaz de llevar adelante las luchas de la clase obrera toda, en toda su complejidad. Aunando las demandas ecologistas, antiimperialistas, antirraciales, anticolonialistas, socialistas, pacifistas, feministas y del colectivo LGBTIQ+, el manifiesto se embarca en un ambicioso llamado a combatir y derrotar todas las formas de dominación a la vez. Afirmando una y otra vez la necesidad de la construcción de una forma de organización social completamente nueva y diferente, las teóricas reconocen que no son ellas las que puedan dictar los lineamientos específicos que deberá adoptar esta nueva etapa, porque ella no podrá surgir sino como consecuencia de las luchas colectivas dadas “desde abajo." Queda claro que este texto no se presenta como un nuevo El Estado y la Revolución. No obstante, enfrentándose a miradas progresistas que buscan defender la democracia representativa como garante de las libertades individuales, sí recupera la vieja idea marxista-leninista de que el capitalismo es incompatible con la verdadera democracia, y que una democracia completa y verdadera sólo podrá alcanzarse en un momento postcapitalista (Lenin, 1975).

El manifiesto que aquí presentamos nos sorprende con categorías y discursos que han sido revisados una infinidad de veces por las ciencias sociales, pero que, sin embargo, habían sido descartados por distintas lecturas o consultados en los límites de su temporalidad. Retomar esos conceptos y ese lenguaje, para situarlos en la teoría y la praxis política del siglo xxi, así como emparentarlos con las demandas feministas, implica un movimiento por lo menos interesante. Es que este libro se encamina en la difícil tarea de pensar qué feminismo queremos construir. Disputar este sentido para pensar feminismos realmente emancipadores de manera que las luchas se lleven adelante desde la interseccionalidad es una intervención necesaria cuando amenazan discursos llanos y globalizados y se promueven identidades supuestamente liberadoras que, sin embargo, son compatibles con modos de subjetivación que produce el capitalismo en su fase neoliberal.

En un momento en el que los movimientos de mujeres y de disidencias sexuales demuestran una potencia admirable alrededor del planeta, a la vez que la hegemonía neoliberal es disputada desde distintos polos y sectores, una intervención de las características de este escrito invita a preguntarnos nuevamente si vivimos en el mejor de los mundos posibles, si sólo podemos aspirar a la conquista de derechos en un marco de igualdad y libertad formales, o si, por el contrario, aún podemos imaginar algún tipo de transformación desde la raíz. Una transformación que haga de nuestro tiempo algo más justo y de nuestras vidas algo menos precario.

Referencias bibliográficas

Arruzza, Cinzia, Bhattacharya Tithi y Fraser, Nancy (2019). Feminismo para el 99%. Un manifiesto (R. Prati, Trad.). Buenos Aires, Argentina: Rara Avis.

Fraser, Nancy (2013, 14 de octubre). How feminism became capitalism's handmaiden, and how to reclaim it. The Guardian. Recuperado de https://www.theguardian.com/commentisfree/2013/oct/14/feminism-capitalist-handmaiden-neoliberal

Gramsci, Antonio (1978). Notas sobre Maquiavelo, sobre política y sobre el estado moderno (J. Aricó, Trad.). Ciudad de México, México: Juan Pablos.

Lenin, Vladimir I. (1975). El Estado y la revolución (J. Muñoz, Trad.). Barcelona: Ariel.

Marx, Karl (1975). El Capital. Libro primero (P. Scaron, Trad.). Ciudad de Buenos Aires, Argentina: Siglo XXI.

Rubin, Gayle (1996). El tráfico de mujeres: Notas sobre la “economía política del sexo." En Lamas, M. (Comp.), El género: la construcción cultural de la diferencia sexual (S. Mastrangelo, Trad., pp. 35-96). Ciudad de México, México: Programa Universitario de Estudios de Género.

Mirna Lucaccini

Universidad de Buenos Aires, Argentina

mirna.luca25@gmail.com

Luca Zaidan

Universidad de Buenos Aires, Argentina

zaidan.luca@gmail.com

Refbacks

  • There are currently no refbacks.




Copyright (c) 2020 Luca Zaidan, Mirna Lucaccini

Creative Commons License
This work is licensed under a Creative Commons Attribution 4.0 International License.

Las Torres de Lucca. Revista Internacional de Filosofía Política © 2020.
ISSN-e 2255-3827