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RESEÑA REVIEW

Losada, Leandro (2019). Maquiavelo en la Argentina. Usos y Lecturas, 1830-1940. Katz. 193 páginas.

Este libro nos convoca a adentrarnos en las recepciones, circulaciones y lecturas en Argentina de uno de los pensadores políticos que, merced a cierto halo de enigma e incomodidad y al carácter abierto de sus textos, ha sido objeto de una profusa ambivalencia y divergencia en sus lecturas y valoraciones: Nicolás Maquiavelo. Esta profundidad e intensidad es directamente proporcional al cimbronazo que su irrupción ha provocado en el pensamiento político occidental y que, sin ningún lugar a dudas, ha dado a luz a la modernidad política.

Así, autores tan disímiles como Hegel, Adorno, Althusser, Gramsci y Schmitt han señalado la centralidad del pensamiento maquiaveliano y abonado la pluralidad de interpretaciones sobre su obra.1 Estas valoraciones presentan un salto cualitativo y cuantitativo hacia la segunda mitad del siglo xx, por la renovación de la lectura maquiaveliana desde claves republicanas y democráticas, como sucede en los trabajos de Merleau-Ponty (1964), Lefort (1972), Pocock (1975), Pettit (1997; 2012) y Skinner (1981), que abren una proliferación bibliográfica que subsiste hasta hoy, a quinientos años de la autoría de El Príncipe y Los Discursos sobre la Primera década de Tito Livio.

En el entrecruzamiento de esta vitalidad de la producción académica internacional sobre la obra maquiaveliana y el sendero recorrido por los estudios de recepción, usos y circulación de las ideas políticas en Argentina,2 se ubica el libro de Leandro Losada: Maquiavelo en la Argentina. Usos y Lecturas, 1830-1940. Un texto cuya relevancia se funda en su originalidad y en que supone una respuesta a un vacío: la absoluta (y llamativa) carencia de investigaciones sobre la recepción, interpretación y usos de la obra maquiaveliana en Argentina.

El libro se presenta como un estudio con un doble objetivo: abordar las lecturas y apelaciones de la obra maquiaveliana como un objeto de indagación en sí mismo, a la vez que representa un medio para abordar los rasgos políticos e ideológicos del pensamiento político y antiliberal argentino entre 1830 y 1940. Vale decir que no es un libro de análisis de la obra maquiaveliana, sino un texto que bucea por esos casi cien años de historia política y de las ideas argentinas, a través de un cúmulo de interrogantes que guían dicha elucidación, teniendo como punto nodal la lectura de la obra de Maquiavelo.

Para afrontar tales desafíos, y aunque posee la entidad de un texto de divulgación, en Maquiavelo en la Argentina prevalece un tono y un lenguaje accesible para el público no docto en la materia. Descansa sobre un relevamiento bibliográfico exhaustivo de fuentes primarias (libros, discursos, artículos de revistas) de los autores nacionales liberales y antiliberales seleccionados, que solo son complementados tangencialmente por fuentes secundarias. El libro se estructura en tres capítulos como progresión cronológica del recorte temporal seleccionado (1830-1940) y en un abordaje en una doble dimensión: qué lugar se le brinda al corpus maquiaveliano para pensar la época; y qué conceptos, ideas y adjetivaciones se asociaron al pensamiento de Maquiavelo.

El primer apartado se adentra en el análisis y valoración del corpus maquiaveliano, tomando como punto de partida, casi como pivote conceptual, al panteón de origen del liberalismo argentino en 1830: la generación del 37; a través de las intervenciones de Sarmiento, Alberdi, Echeverría y la sumatoria de la figura de Mitre. La mirada de esta generación funda la actitud homogénea de todo el siglo xix frente al pensamiento de Maquiavelo: solo es objeto de alusiones dispersas, fragmentarias y circunstanciales, lo cual denota su escasa relevancia como canon de lectura para el contexto circundante. Esta nula preeminencia descansa en una sentencia terminante: Maquiavelo representa una forma retardataria de pensar la política. Esta asociación despectiva descansa sobre otro juicio: el pensamiento maquiaveliano representa el enarbolamiento de las lógicas greco-romanas a través de la omnipotencia estatal y la pulsión de guerra que son naturalmente enemigas del individuo y de la libertad moderna. Así, se enhebra un encadenamiento conceptual en el que Maquiavelo condensa todos los males que obturan la modernidad occidental y se constituye en una imagen perfectamente funcional que se asocia a los impulsos tiránicos, furibundos y amorales de Juan Manuel de Rosas.

Losada, acertadamente, vincula esta mirada peyorativa con el tipo de recepción y circulación que tuvo la obra de este autor en el mundo hispánico en general y en Argentina en particular. La gran preeminencia de la iglesia católica y la prohibición y condena de las obras maquiavelianas marcaron el pulso de dicha circulación y recepción. Esta mirada condenatoria de la hispanidad se articula con un tipo de circulación que se estructuró en base a traducciones libres y personales, en un contexto de marcos institucionales, materiales y de sociabilidad intelectual sumamente precarios y que poseen como común denominador: la aproximación a este autor se basó exclusivamente en El Príncipe, lo que hace inteligible la mirada sesgada de la obra maquiaveliana.

La última década del siglo xix indica una metamorfosis en los cánones interpretativos de Maquiavelo. Se produce un desplazamiento de parte de figuras como Leandro Alem, Belisario Montero, Ernesto Quesada, Paul Groussac, Julio A. Roca y Roque Sáenz Peña, para quienes Maquiavelo ya no representa un código caduco de interpretación. Se subraya así su relevancia, en tanto su realismo político expresa cabalmente las prácticas políticas contemporáneas. Esta mutación constituye el signo de la apertura de un nuevo tiempo para Maquiavelo, así como una salida del ostracismo que se aborda en el segundo capítulo. En este momento Maquiavelo se convierte en objeto de una atención sin precedentes, con numerosos libros y artículos sobre este autor, la edición de sus obras en Argentina y la centralidad de sus textos en las nacientes cátedras universitarias de derecho político. Así, las condiciones institucionales, materiales y de sociabilidad intelectual mutaron, dotando de mayor accesibilidad a la figura de Maquiavelo; al igual que el contexto internacional de crisis de la democracia liberal, donde sus obras serían denodadamente referenciadas. En este apartado, Losada señala con énfasis la centralidad de Maquiavelo para esta etapa -al punto que, parafraseando a Pocock (1975), indica que este período puede indicarse como un momento maquiaveliano-y trata de demostrar que tal centralidad no dependió de clivajes políticos o ideológicos; ya que el autor fue referenciado y enarbolado tanto por liberales como por antiliberales, lo cual constituye un rasgo único y singular.

Dentro de este contexto -subrayando la centralidad del autor para pensar lo más descarnado del poder y lo constitutivo de la política, a través de su realismo- se reconfiguran las críticas liberales del siglo xix. De este modo, Maquiavelo es reivindicado como precursor del retorno al autoritarismo y a la violencia como lógica política. Martínez Paz, Carlos Astrada, Saúl Taborda, Carlos Sánchez Viamonte y José Ingenieros observaron que a través de este autor se puede pensar la crisis del ideario de la democracia liberal, en tanto justificación del despotismo y la violencia, como negación de todo derecho y libertad. Así, se funda un nuevo encadenamiento teórico: Maquiavelo-Mussolini, siendo el florentino inspirador o padre intelectual del fascismo, como lo fue con Juan Manuel de Rosas.

En contraposición, este presunto afincamiento antiliberal de Maquiavelo fue valorado positivamente por autores como Marcelo Sánchez Sorondo y Leopoldo Lugones quienes, a través del prisma maquiaveliano, observaron una vía para realzar una política antropocéntrica y vitalista que hiciera gala de los valores del patriotismo y la razón de estado, en tanto necesaria subordinación de las libertades individuales a la grandeza de la patria.

Más errática y multiforme fue la lectura de este autor que llevaron a cabo los referentes del Nacionalismo. Losada asocia esta variabilidad a los propios vaivenes de sus posicionamientos políticos y al peso diferencial del ideario católico tomista. En este sentido, referentes del revisionismo histórico, como Julio Irazusta y Ernesto Palacio, pasaron de posiciones iniciales de fuerte beneplácito a una mirada peyorativa, sopesándolo como un republicanismo de contornos liberales. Por otra parte, la posición de autores afincados en el tomismo (Julio Meinvelle, Arturo Sampay y Tomás Casares) es pétrea: total animosidad y vituperación al autoritarismo pagano que se funda en la separación entre estado e iglesia. Maquiavelo representa para estos la imagen de la modernidad secularizadora -por ende, anticristiana y amoral- y de la inmanencia de la política: una política sin Dios, algo inconcebible.

El último apartado del libro involucra un canon disonante de lectura, al presentar un espacio de profundización del abordaje de este autor durante los decenios 1920-1940, que se desarrolló a través de la interrogación respecto al lugar y la valoración del realismo político maquiaveliano. Se hace cristalina y coherente la continuidad de los juicios peyorativos y críticos de autores como Arturo Sampay, Tomas Casares y Carlos Astrada, quienes indicaron que Maquiavelo inaugura un empirismo historicista carente de todo rigor científico. Así, el pensador florentino expone una forma de conocer la política limitada, degradada y degradante, por carecer de la dimensión ética, lo que la convierte en una política obsoleta e impide que se consolide como ciencia. Por otra parte, también cabe percibir la prolongación de la valoración positiva de Maquiavelo por parte de autores como Leopoldo Lugones y Sánchez Sorondo, desde la mirada que imbrica lecturas vitalistas y elitistas con el canon realista maquiaveliano.

La mayor fortaleza de este capítulo -y quizás el meollo del mismo-es que rescata dos lecturas discordantes: la de José Luis Romero y la de Mariano De Vedia y Mitre, en tanto ambos reivindican el legado conceptual maquiaveliano desde nociones muy diferentes a las anteriormente abordadas. En este sentido, José Luis Romero observa en el realismo maquiaveliano un acto de desvelamiento y desenmascaramiento vital, para destruir los fundamentos de la mentalidad cristiano-feudal. Maquiavelo colabora, cual sepulturero, a entronizar la mentalidad burguesa a través de su mirada profana de la realidad y el ser humano como artífice de la historia.

El que más atención merece por parte de Losada -y uno de los hallazgos principales del libro- es Mariano De Vedia y Mitre, que emerge como la figura que realiza la mayor reivindicación del legado Maquiaveliano, al titularlo como el padre de la ciencia política y el fundador del pensamiento político moderno, en base a sus fundamentos seculares y realistas; sin embargo, no se queda allí, sino que indica que el florentino es el emblema de la libertad y la República Argentina. Así, De Vedia y Mitre propone una recuperación de Maquiavelo a través de un prisma republicano, haciendo eje en tres ideas nodales: libertad, igualdad y conflicto. Este Maquiavelo republicano -que hunde sus raíces en la centralidad, ya no de El Príncipe, sino de los Discursos sobre la primera década de Tito Livio- plantea la soberanía estatal como condición insoslayable para la libertad del pueblo; una libertad que se sustenta en una igualdad política participativa y en el reconocimiento -y centralidad virtuosa- de la ominipresencia del conflicto político.

En conclusión, Losada expone la recepción de la obra de Maquiavelo en Argentina, donde no se verifica ni una larga tradición, ni una erudición profunda en comparación con otros autores europeos. De esta forma, no puede afirmarse la existencia de una corriente política o ideológica que se haya vinculado de forma persistente con la obra del autor florentino. Sin embargo, como indica Losada, en contrapartida, tampoco hay autores que hayan pasado por alto -para su crítica o para su alabanza- la obra maquiaveliana. Esto es, todo el arco político-ideológico argentino -con lecturas más superficiales, rudimentarias y unidireccionales o más complejas y ricas- ha observado -ya sea para su crítica furibunda o para su halago- que Maquiavelo es un autor insoslayable para pensar la política. Siempre tras bambalinas, pero siempre omnipresente.

El recorrido que propone Losada, abordando la recepción y circulación de Maquiavelo en Argentina entre 1830 y 1940, no está exento de algunas debilidades atribuibles a la propia hibridez de los objetivos perseguidos y a los recortes realizados por el autor para intentar alcanzar los mismos. En este sentido, y como el mismo autor reconoce en las conclusiones, su libro no es un estudio de recepción propiamente dicho, ya que no toma a Maquiavelo como corpus relevante en sí mismo, sino como forma de abordar la historia del pensamiento político argentino. Sin embargo, el logro de estos dos objetivos -harto exigentes- es parcial: el autor elige deliberadamente no juzgar lo atinadas que puedan resultar las interpretaciones argentinas de la obra maquiaveliana; lo cual, por momentos, hace que el texto sea simplemente una reproducción de miradas, sin importar su robustez conceptual y terminológica. Además, tampoco logra contornos precisos en la delimitación de las ideas liberales y antiliberales locales, lo que crea dificultades. Por último, cabe notar un desequilibrio en la estructura integral del estudio: mientras que el primer capítulo aborda noventa años (1830-1920); los dos capítulos siguientes -que insumen dos terceras partes de la extensión del texto- están dedicados a distintas aristas del período entre 1920 y 1940. De allí que, formalmente, el libro es una investigación sobre la recepción y circulación de Maquiavelo en esos dos decenios, cuyo marco nacional e internacional brindó las condiciones para una mayor centralidad de su pensamiento; y el período 1830-1920 solo se utiliza como pivote conceptual del pensamiento liberal para indicar los antecedentes francamente peyorativos de la interpretación de este autor.

Dejando atrás estos señalamientos, el trabajo de Leandro Losada es, sin lugar a dudas, una gran contribución a la línea de investigación sobre Maquiavelo y sobre el campo de la historia de la recepción y circulación de sus ideas políticas en Argentina, merced a su originalidad y relevancia. Abre, además, este camino, hasta ahora obturado, con un lenguaje amigable y claridad en su narración. En definitiva, el libro Maquiavelo en la Argentina. Usos y Lecturas, 1830-1940 debe ser sopesado como un aporte fundamental e ineludible a la materia. Trabajo pionero que merece ser profundizado y ampliado.

Referencias bibliográficas

Althusser, Louis (2007). Política e Historia. De Maquiavelo a Marx. (Sandra Garzonio, Trad.). Katz.

Arico, José (1998). La cola del diablo. Itinerario de Gramsci en América Latina. Siglo XXI.

Canavese, Mariana (2015). Los usos de Foucault en la Argentina. Recepción y circulación desde los años cincuenta hasta nuestros días. Siglo XXI.

Dotti, Jorge (2000). Carl Schmitt en Argentina. Homo Sapiens.

Lefort, Claude (1972). Le travail de l’œuvre, Machiavel [El trabajo de la obra, Maquiavelo]. Gallimard.

Losada, Leandro (2019). Maquiavelo en la Argentina. Usos y Lecturas, 1830-1940. Katz.

Merleau-Ponty, Maurice (1964). Nota sobre Maquiavelo. En Signos (C. Martínez y G. Oliver, Trads.). 263-279. Seix Barral.

Pettit, Philip (1997). Republicanism. A Theory of Freedom and Government [Republicanismo. Una teoría de libertad y gobierno]. Oxford.

Pettit, Philip (2012). On the People’s Terms: A Republican Theory and Model of Democracy [En los términos del pueblo: una teoría republicana y un modelo de democracia] Cambridge.

Pocock, John G. A. (1975). The Machiavellian Moment. Florentine political thought and the Atlantic republican tradition [El momento maquiaveliano. Pensamiento político florentino y la tradición republicana atlántica]. Princeton.

Skinner, Quentin (1981). Machiavelli [Maquiavelo]. Oxford.

Tarcus, Horacio (2007). Marx en la Argentina: sus primeros lectores obreros, intelectuales y científicos. Siglo XXI.

Ignacio Luis Moretti

Facultad de Ciencias Sociales. Universidad de Buenos Aires. Argentina

lic_moretti@yahoo.com.ar

Orcid: https://orcid.org/0000-0002-6432-8115


1 Para referencias a tipologías de los acercamientos y valoraciones a la obra maquiaveliana véase Althusser (2007).

2 Solo como muestra, véase, por ejemplo, Arico (1998), Dotti, (2000), Tarcus (2007) y Canavese (2015).

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